Mira cómo los hospitales mentales de los Estados Unidos se ganan miles de millones, convirtiendo la vida de sus pacientes en un infierno

La red más grande de hospitales mentales de los Estados Unidos realiza diagnósticos falsos, intimida a su personal y demanda a los periodistas para aumentar sus ingresos a través del pago de seguros a sus clientes.

En la primavera del año 2016, la mayor red de clínicas psiquiátricas de EE.UU. enfrentó graves problemas de imagen. Para salvar la reputación de sus establecimientos, la compañía administradora Universal Health Services (UHS) se postuló a la agencia internacional de relaciones públicas Edelman.

UHS opera una red de más de doscientas clínicas psiquiátricas en los Estados Unidos. En el año 2016, los ingresos de la compañía superaron los $ 8 mil millones.

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Las cintas de video de las cámaras de vigilancia instaladas en las clínicas de la compañía quedaron a disposición de los periodistas. Las tomas donde se ve la intimidación a pacientes mentalmente enfermos, sirvieron como excusa para realizar una auditoría a la UHS por parte de las autoridades de Oklahoma, donde se encuentra la oficina central de la compañía.

Como resultado, las acusaciones de numerosos abusos y el descuido de la salud de los pacientes condujeron a una reducción de los fondos estatales para toda la red de hospitales psiquiátricos.

"El acceso no autorizado de los periodistas a los documentos de la UHS se consideró una violación de la ley de secretos comerciales"

Eugene Scalia

Además de la corrección de la agenda de información, la UHS empezó a dedicarse al tema del personal. Los empleados de la compañía, sospechosos de comunicarse con los periodistas, fueron despedidos, así como quienes fueron acusados de mostrar las grabaciones de las cámaras de seguridad. A los otros les advirtieron sobre las consecuencias que estas imprudentes acciones podrían tener.

Eugene Scalia exigió la devolución de todos los documentos sobre las actividades de la UHS en poder de los periodistas, señalando su confidencialidad. Los periodistas se negaron a hacerlo, y posteriormente el tribunal se puso de su parte.

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Según los periodistas, en diez clínicas psiquiátricas ubicadas en nueve estados, se hizo popular un "sistema de bastones". Los jefes obligaban a los trabajadores de salud a tener llenas todas las camas disponibles por cualquier medio. Para esto, a los clientes que acudían a una consulta se les decía que eran propensos al suicidio, y se les recomendaba encarecidamente que se sometieran a un tratamiento hospitalario. Los periodistas hablaron con casi trescientos pacientes y empleados de la UHS. Muchos de ellos confirmaron que los derechos humanos se ven violados sistemáticamente dentro de las paredes de los hospitales.

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Una semana después de la publicación de la primera parte de la investigación, la capitalización de mercado de UHS se redujo en casi $ 2.5 mil millones. El comentario de la compañía publicado en su sitio web oficial dice que el material "contiene numerosas inexactitudes en los hechos" y que "es solo una parte muy pequeña sacada de contexto, pues se tratan de casos aislados".

En el segundo artículo, los lectores se enteraron del caso de un residente de Florida de seis años, que estuvo hospitalizado en contra de la voluntad de su familia durante varios días.

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La tercera historia fue dedicada a la clínica Shadow Mountain, en Oklahoma. Los periodistas utilizaron informes internos, registros de cámaras de vigilancia y testimonios para publicitar información sobre el desorden, fraude financiero e incompetencia del personal médico. En la respuesta de la UHS, ellos indicaron que se trataba de un claro ejemplo de mezcla de hechos y ficción, con fines de entretenimiento.

Sea como sea, el gobernador de Oklahoma y ambos senadores que representan al estado en el parlamento de los EE. UU., hablaron a favor de verificar la información presentada en el artículo. Además, se impuso una prohibición sobre el mantenimiento de pacientes menores de edad en la clínica, y el operador local del programa estatal para proporcionar asistencia médica a los necesitados (Medicaid) notificó a la institución de la rescisión de su contrato.

Apenas dos días después de la publicación del artículo, la directora del Servicio de Personal de Shadow Mountain, Carrie Kalfas, fue despedida. Pronto presentó una demanda ante sus ex empleadores en el tribunal, acusándolos de finalizar ilegalmente el contrato de trabajo. En su declaración, Carrie Kalfas indicó que la habían despedido por "sacar la verdad a la luz". La clínica, a su vez, demandó a un ex empleado, quien, en opinión de los solicitantes, le dio las grabaciones de las cámaras de vigilancia a los periodistas.

En mayo salió a la luz otro capítulo de esta epopeya. En este se informaba que las autoridades estadounidenses estaban verificando la información sobre los métodos de trabajo de la UHS. Los pacientes no son dados de alta de las clínicas de la red hasta que su tratamiento esté cubierto por el seguro, y la duración del curso no esté justificada por indicaciones médicas reales. Las enfermeras que trabajan en las instituciones de la UHS le dijeron a los periodistas que la mayoría de las camas de los hospitales eran usadas bajo cualquier pretexto, con tal de cumplir con el plan de pagos de seguro "necesarios".

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Cinco meses después, la vicepresidenta de relaciones públicas de UHS, Rosella Charlier, dijo que la compañía había logrado dar con las enfermeras que ofrecieron las entrevistas. Después de entrevistarse con la dirección, las trabajadoras médicas firmaron una carta en la que expresaron su deseo de "presentar una disculpa pública" y "refutar sus declaraciones".

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Los periodistas continuaron una serie de exposiciones sobre la clínica Hill Crest en Alabama. Las historias del personal y los pacientes sobre el culto a la violencia reinante en el hospital se vieron constatadas y reforzadas con registros de las cámaras de CCTV. En las tomas presentadas, se ve como los trabajadores aplican métodos violentos típicos de los agentes del orden, en lugar de tratamientos médicos.

Antes de la publicación del material, los periodistas solicitaron al jefe de la clínica, Steve McCabe que comentara la situación. Pero en lugar de dar una entrevista, el médico director, según varias fuentes, celebró una serie de reuniones durante las cuales advirtió a sus subordinados para que no tuvieran contacto con la prensa e incluso les prohibió que llevaran sus teléfonos móviles al trabajo. Y el ex empleado del hospital, declarado culpable de dar las grabaciones, recibió una carta oficial exigiendo la devolución de todos los materiales comprometedores y una advertencia de responsabilidad por los hechos.

Poco después de que se publicara el artículo sobre Hillcrest, todos los comentarios de los usuarios publicados anteriormente, que hablaban sobre la institución desaparecieron de los resultados de búsqueda de Google. Según la versión oficial, esto podría deberse a una "violación de las reglas para publicar comentarios".

Fuente: Buzzfeed

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