Mantenerse vivos: para seguir con vida, estuvieron dispuestos a comerse a sus propios compañeros

Durante más de dos meses, un equipo de jugadores de rugby de Uruguay, estuvo cautivo en el hielo después de un terrible accidente aéreo. Ellos tuvieron que elegir: ¿vivir o morir? y para ello tuvieron que estar dispuestos a comerse a sus compañeros muertos con el fin de no morir de hambre. Esta historia se convirtió en una de las más trágicas del siglo XX.

En otoño del año 1972, los miembros del equipo Old Christians volaron a Santiago. A bordo del pequeño avión, había 45 personas, los familiares de los atletas y los patrocinadores también se encontraban en ahí. El avión se topó con un ciclón de nieve, después de lo cual los pilotos no pudieron orientarse incluso con los radares.

Después de salir del ciclón resultó que estaban volado directamente hacia la ladera de una montaña, pero era demasiado tarde para cambiar de rumbo. Tuvieron una fuerte colisión que destrozó al avión en dos pedazos, 12 personas murieron inmediatamente después de la colisión. Muchos sobrevivientes también estuvieron condenados a muerte, ya que tenían numerosas lesiones mortales. Un día más tarde murieron cinco pasajeros. Los atletas que sobrevivieron no sabían qué hacer más adelante, ya que se encontraban rodeados de hielo a una altura de 3,5 km.

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Lo primero que los sobrevivientes comenzaron a hacer fue buscar medicamentos y alimentos, sin embargo, lograron encontrar poco, algunas botellas de vino, un par de kits de primeros auxilios, galletas y dos barras de chocolate. Lo bueno es que en la sección de la cola del avión había cosas que pudieron usar para escapar del viento frío y penetrante.

Obtenían agua de la nieve. Para evitar la hipotermia, dormían apoyándose uno con el otro. Cuando las sobras de comida se terminaron, los sobrevivientes comenzaron a comer la carne de los muertos. Pero no todos pudieron tragarla. Sin embargo, no les quedaba otra.

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Unas semanas más tarde una avalancha golpeó al grupo, lo cual se llevó la vida de otras ocho personas. Esto se convirtió en la salvación para las personas que sobrevivieron, ya que la gruesa capa de nieve aisló el fuselaje de la aeronave, y los nuevos cadáveres sirvieron como "provisión". Los intentos de ponerse en contacto con el mundo exterior a través de un walkie-talkie no trajeron resultados positivos.

Entonces tres jugadores de rugby decidieron irrumpir en la sierra cercana. Después de 3 días, uno de los miembros del grupo regresó al campamento, para guardar los restos de carne congelada. Después de nueve días, los atletas Nando Parrado y Roberto Canessa llegaron por fin a un pequeño asentamiento. Ellos señalaron el lugar del accidente en un mapa, y los helicópteros de rescate fueron enviados al grupo. Después de rescatar a 16 personas, la Iglesia Católica justificó las acciones de las personas que habían comido la carne de los muertos en las montañas, indicando que no había pecado en esto.

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